Como no fumo, decidí dejarme bigote; es mejor para la salud. Sin embargo, siempre llevaba una pitillera adornada con joyas donde, en lugar de tabaco, había cuidadosamente colocados varios bigotes, al estilo de Adolphe Menjou. Se los ofrecía cortésmente a mis amigos: ¿Bigote? ¿Bigote? ¿Bigote? Nadie se atrevía a tocarlos. Esta fue mi prueba sobre el carácter sagrado de los bigotes.
- Salvador Dali